Brais Rey, Martín Domínguez, Jorge Bigotes y Pablo Santos consiguieron esta tarde en Máis que Auga Barreiro situar a Vigo en el libro de los récords mundiales. En concreto, lo hicieron el partido de pádel más largo de la historia al registrar 41 horas de juego, con sus descansos reglamentarios, y un resultado final de 57-43 a favor de Brais y Martín, tras disputar 100 sets.
A pesar del enorme esfuerzo realizado, los cuatro deportistas terminaron en muy buenas condiciones e incluso disputando con intensidad los últimos puntos, impulsados también por el apoyo del público asistente.
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Al finalizar, se sucedieron los abrazos entre los cuatro jugadores, que culminaron un reto que difícilmente olvidarán. Posteriormente, con la presencia del alcalde de Vigo, Abel Caballero, y del concejal de Deportes, Manel Fernández, se hizo entrega del cheque solidario de 1.230 euros a la Asociación Española Contra el Cáncer. Porque, además del reto deportivo, la iniciativa contó con un importante componente solidario. Por cada dos minutos de partido, la organización donó un euro a la Asociación Española Contra el Cáncer, hasta completar los 1.230 euros recaudados a lo largo de las 41 horas de juego.
Desde el inicio, los cuatro deportistas afrontaron el reto con mucho ánimo y sentido del humor, conscientes de que les esperaban muchas horas de juego por delante. Aunque en un primer momento tenían previsto realizar un descanso de una hora cada doce horas, decidieron adaptar la estrategia sobre la marcha y optar por pausas de media hora cada seis horas de juego. Las normas del récord establecen que los jugadores pueden descansar cinco minutos por cada hora disputada, tiempos que pueden acumularse y distribuirse libremente.
Las primeras horas transcurrieron con buenas sensaciones y mucha energía, aunque el cansancio fue haciendo acto de presencia con el paso del tiempo. Hubo momentos en los que Brais optó por jugar descalzo y, durante los descansos, los participantes contaron en todo momento con el apoyo del equipo de asistencia, encargado de velar por su estado físico y también de mantener alta la moral del grupo.
