Así está por dentro uno de los cines más icónicos de Vigo tras más de 20 años de su cierre

Si el periodismo regala algo a quien lo ejerce, eso es -en el mejor de los casos- experiencias únicas. Escuchar relatos jamás contados, observar acontecimientos que marcan la historia o acceder a espacios vetados. Tras más de 20 años, el emblemático Cine Vigo ha reabierto sus puertas. Pero lo ha hecho para Metropolitano.gal, con el objetivo de hablarle a la ciudad de lo que allí todavía queda.

En realidad, solo es posible entrar hasta el hall de lo que Francisco Castro Represas diseñó. El patio de butacas quedó totalmente tapiado y olvidado. Sin embargo, el acceso sigue siendo una maravilla que invita a la nostalgia. Porque por allí han pasado miles de vigueses y viguesas durante décadas. Pronto se cumplirán 65 años desde que el empresario Eugenio González de Haz ,abrió este cine, y dentro todavía se conservan pedazos de esa historia.

Descubre el interior del Cine Vigo

Nada más abrir las puertas, cualquiera reconocería las letras que antes colgaban de la fachada en vertical. Ahora han sido colocadas en horizontal sobre la taquilla. La mejor bienvenida para este emblemático lugar.

Solo unos pasos más adelante es posible contemplar las paredes vacías donde antes lucían los estrenos. También la barra en la que cualquier vigués o viguesa podría adquirir sus aperitivos antes de la proyección.

Y justo detrás de la barra, un libro recoge cada una de las películas que el Cine Vigo ofreció, junto a la recaudación en pesetas que logró ese largometraje.

A continuación, con un leve giro a la izquierda, se entraba a sala de cine. Sin embargo, ahora un muro negro lo impide. En su lugar, se han colocado varias butacas modernas para tratar de hacer de este espacio un nuevo lugar dedicado a la cultura.

Justo frente a la barra, unas escaleras dan acceso a una planta superior. La luz a ellas a través de hermosas vidrieras y en la última de ellas luce el escudo de la poderosa familia González de Haz. Al terminar, una sala se muestra como un ecléctico museo en miniatura. Allí se puede encontrar un libro de visitas con innumerables firmas, butacas de otro de los cines que entonces eran propiedad del empresario Eugenio, e incluso botellines que quedaron cuando cerró este lugar. Los amantes del séptimo arte podrían pasar aquí horas, consultando viejos carteles de películas, formando palabras con las letras que se usaban para confeccionar cada letrero o simplemente sintiéndose el pequeño Totò de Cinema Paradiso.

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