Dos décadas de los asesinatos en Vigo que indignaron al mundo tras la absolución por "pánico gay"

Foto: Fito Ferreiro Seoane

El 13 de julio de 2006 se escribió una de las páginas más oscuras en la historia reciente de Vigo. Alrededor de las 04:00 horas de esa misma madrugada, la Policía Nacional recibió la llamada de alerta de un hombre pidiendo auxilio: "Acaban de acuchillarme en la calle Oporto". Una patrulla se desplazó hasta el lugar pero no encontró ningún indicio en la calle. No fue hasta la mañana siguiente, cuando el humo en una vivienda de esa vía obligó a intervenir a los bomberos, cuando se encontró a Isaac Pérez Triviño y Julio Anderson Luciano, ya sin vida. Un crimen que conmocionó a todo Vigo, pero que también llegó a indignar al mundo entero cuando unos años más tarde su autor confeso, Jacobo Piñeiro, fue absuelto por un jurado popular alegando que lo hizo por un "miedo insuperable a ser violado". Hoy se cumplen 20 años del conocido como "crimen del calle Oporto", un suceso que removió a toda una sociedad y que todavía ahora sigue teniendo vigencia.

La detención de Jacobo Piñeiro

Unas trece horas separan el inicio de la investigación de la detención de Jacobo Piñeiro, recuerda el Subinspector de Homicidios, Manuel Alfonso Romero. Alrededor de las 10:00 horas de ese 13 de julio, los bomberos acudieron al número 12 de la calle Oporto después de que varios vecinos llamasen indicando que salía humo del séptimo piso. Al entrar, encontraron a Isaac y Julio maniatados y con hasta 57 puñaladas. Así es como le llegó el crimen de la calle Oporto a la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta de la Comisaría de Vigo y Redondela.

A partir de ahí, se inició una investigación que logró trazar la secuencia de unos hechos que terminaron con este terrible final. La entrevista con los testigos, un repaso de las últimas horas con vida de ambas víctimas y la revisión de las cámaras permitió reconstruir lo sucedido para terminar dando con el asesino. Tal y como quedó acreditado por unas grabaciones, Piñeiro conoció a Isaac en el local donde este último trabajaba, el pub Strong. Allí estuvo acompañándolo hasta que terminó su jornada laboral, mientras consumía "whisky con Coca-Cola y unas rayas de cocaína", según él mismo admitió.

A continuación, ambos se dirigieron al piso que Pérez Triviño compartía con la otra víctima. Mientras Julio celebraba una cena con amigos, Isaac y Jacobo estuvieron encerrados en la habitación a solas durante horas. No fue hasta la madrugada cuando se produjeron ambos asesinatos que fueron calificados como "todo un lujo de barbarie, una escalofriante, inhumana y atroz agresión".

Tras todo ello, recuerda el Subinspector, el autor "tuvo la sangre fría de ducharse y planificar la simulación de un robo". Además, trató de quemar las pruebas y hacer volar por los aires el piso, algo que puso en riesgo también a los bomberos que acudieron horas más tarde.

"En cuanto supimos que era de Cangas, los mismos compañeros que iniciaron la investigación fueron para allá mientras el resto íbamos siguiendo más pistas", señala. Llegaron a la vivienda de la madre de Jacobo, "de hecho, se le hizo llamarle por teléfono para intentar convencerlo". Y finalmente, fue detenido en Marín, donde residía su expareja y madre de su hijo. El asesino fue detenido el mismo día, la investigación concluía y el Policía Nacional daba por terminado el trabajo: "No teníamos dudas de que había sido él". Sin embargo, Jacobo Piñeiro fue absuelto de ambos asesinatos.

"Pánico gay"

"Era uno de los primeros jurados populares", recuerda Tomas Santodomingo, el abogado que representaba a Marta Pérez Triviño, la madre de una de las víctimas. Aquel no fue un juicio sencillo, el letrado recuerda que en aquella época todavía existían muchos prejuicios contra el colectivo LGBTIQ+. Aunque reconoce que ejercer de jurado nunca resulta fácil: "Nosotros planteamos una defensa basada en las pruebas técnicas para demostrar que no había duda de lo sucedido, pero tal vez les convenció más el relato de Jacobo".

La defensa alegó que Piñeiro había cometido ambos violentos asesinatos "bajo el efecto del miedo insuperable a ser asesinado y violado". Es decir, en legítima defensa; una estrategia que ya había sido utilizada en anteriores juicios y que en Estados Unidos se conoció como "pánico gay". Un argumento que los miembros del jurado dieron por válido, absolvieron al acusado y solo le condenaron por el incendio del piso. El germen de toda una revuelta social.

Protestas de Vigo al mundo entero

Tras la resolución judicial, y con la puesta en libertad del asesino confeso, la comunidad LGBTIQ+ vivió este hecho como un desgarro propio. Oscar Beceiro, miembro de ALAS A Coruña, recuerda que España había aprobado recientemente el matrimonio libre y el colectivo se encontraba en "un cierto aletargamiento". Pero esta sentencia les golpeó en lo más profundo: "Había una parte de la sociedad que no percibía esta injusticia, lo veía como un mundo muy sórdido".

Aquellas barreras que España pensaba superadas aparecían en este caso como un reflejo en el espejo. No había cambiado tanto. "Lo primero que cada uno pensamos es que podría haber sido yo, cualquiera de nosotros", explica Beceiro, que conocía especialmente a AlDani -como llamaban los más cercanos a Isaac-. "Fue algo que todos hemos hecho, una noche ligas con alguien en un bar y te lo llevas a casa", y sin embargo sentían que mucha gente juzgaba a las víctimas más que al asesino. "Yo recuerdo a gente justificando el doble asesinato porque eran maricones haciendo mariconadas", lamenta.

Tras la sentencia, Marta Pérez Triviño y su abogado hicieron un llamamiento a toda la ciudadanía. Vigo se llenó de personas llegadas de toda Galicia para denunciar lo que era una discriminación homófoba. Estas protestas unieron al colectivo a través de movilizaciones que unieron a plataformas como Milhomes o Raras Somos Todas. De hecho, fueron los primeros pasos para asociaciones como Nós Mesmas. El dolor que afectaba a lo más íntimo de cada uno, pero que era compartido. Afectaba directamente a lo público, a la justicia.

Repetición del juicio y condena

El 14 de octubre de 2010, después de recurrir, se repitió el juicio con un resultado totalmente diferente. Otro jurado popular condenó a Jacobo Piñeiro Real no solo por el incendio del piso de la calle Oporto, también por los asesinatos de Isaac Pérez Triviño y Julio Anderson Luciano. Un total de 58 años de cárcel, 20 por cada víctima, y otros 18 por tratar de quemar tanto los cuerpos como la vivienda. Según ha podido confirmar Metropolitano.gal, a día de hoy, el asesino permanece en prisión. En la ejecutoria de la sentencia consta como fecha de cumplimiento de la pena el 22 de septiembre de 2031, puesto que lo máximo que puede mantenerse en prisión son 25 años.

Oscar Beceiro recuerda que en aquellas protestas que tomaron las calles de Vigo una de las mayores indignaciones era que la homofobia había sido considerada prácticamente un atenuante. Con esta sentencia "dejó de tener validez esa injusticia". Sin embargo, reivindica que ha sido ahora cuando desde ALAS A Coruña se ha logrado que esta discriminación fuera considerada un agravante, como sucedió en el atroz asesinato de Samuel Luiz.

¿Se acuerda Vigo de Isaac y Julio?

Una línea recta de 177 metros separa el lugar del crimen del banco que Vigo decidió instalar en recuerdo de Isaac y Julio. En el año 2021, el Concello rindió este homenaje a ambas víctimas en los jardines ubicados junto a la rotonda de la Paellera. Hoy se encuentra permanentemente vandalizado.

Salir de la versión móvil