En marcha la transformación del puerto de Vigo para saldar una deuda histórica

Sus manos han tejido parte de la historia de Vigo; la de la economía del mar y la de los bolsillos en casa. Las rederas, casi siempre mujeres, han sido tan necesarias como olvidadas a la hora de comprender esta ciudad. Y ahora, por fin, el Puerto se ha puesto en marcha para saldar esa deuda histórica.

Para garantizar su bienestar y asegurar un futuro, la Autoridad Portuaria ha iniciado las obras para crear un espacio específico en el que podrán desarrollar su labor, tantas veces precaria y en exposición directa a la intemperie. Esta obra ya es visible en el puerto, donde una antigua nave datada de 1960 luce completamente vacía para empezar a transformarse en el futuro edificio de las rederas.

Esta mejora integral comienza con la habilitación de un taller acondicionado para la extensión y reparación de redes que ofrece protección frente a la lluvia y el viento. Para garantizarlo, se prevé la instalación de pérgolas en la planta baja que funcionarán como un resguardo climatológico adicional. Todo ello, con una mejora estética de la construcción en su conjunto.

El proyecto pretende dignificar el oficio al incorporar servicios fundamentales que antes no estaban disponibles en el lugar de trabajo, tales como vestuarios y aseos equipados con suministro de agua caliente sanitaria mediante termos eléctricos.

Para garantizar un entorno de trabajo agradable, se ha proyectado una fachada interior dotada de aislamiento térmico y cámara de aire que mejora el confort térmico, apoyada por sistemas de ventilación que aseguran una correcta renovación del aire e higiene en las instalaciones. Así, las rederas se beneficiarán también de una visibilidad óptima gracias a la nueva tecnología LED y de una reducción del esfuerzo físico mediante la instalación de un puente grúa, situado en una zona diáfana para facilitar la manipulación de las redes pesadas.

Todo el edificio ha sido diseñado siguiendo criterios de accesibilidad, lo que garantiza que el acceso y la utilización de las instalaciones sean seguros y no discriminatorios para todas las trabajadoras. Una transformación que ya es visible y que cuenta con un plazo de ejecución de ocho meses, para la cual se ha invertido un total de 920.587,37 euros.

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