"Brillante inauguración", titulaba El Pueblo Gallego el 16 de noviembre de 1961. Una crónica de la apertura del histórico Cine Vigo a la que fue invitada toda la alta sociedad de entonces, desde el obispo al alcalde Salvador de Ponte y Conde de la Peña. Aquel día se proyectaba "Los 101 Dálmatas" de Walt Disney y ahora, sesenta y cinco años después, Metropolitano.gal cruza la puerta de este cine como quienes asistieron a aquella gran inauguración.
Ubicado en la ahora olvidada calle López de Neira, el Cine Vigo permanece clausurado desde 2002 ajeno al trajín de la ciudad. Sus puertas cerradas ocultan una parte de la historia, pero también algunos sueños. José, un conocido hostelero local, tiene alquilado este enclave -en realidad, la zona del hall, ya que el antiguo patio de butacas fue tapiado- desde hace varios años.
"Es un ejemplo maravilloso del racionalismo gallego obra de Francisco Castro Represas", formado en historia gallega, la vista curiosa de Argibay señala el soportal original que asoma en la fachada del cine. Es lo único que Vigo puede observar a día de hoy de lo que aquel espacio fue. Un giro de llaves permite viajar en el tiempo, a la entrada se puede leer "Cine Vigo" con las letras originales que lucían antes fuera en vertical.

Este emprendedor vigués se quedó prendado de aquel hall nada más entrar y decidió hacerse con él junto a dos socios, Marcos Puhinger y Ana 'Kominsky'. La idea era convertirlo en un espacio de hostelería y cultura, como el emblema vigués de "La Casa de Arriba", "La Fábrica de Chocolate" o "Sinatra" que también puso en marcha. Sin embargo, las complicaciones burocráticas abocan este sueño a lo imposible.
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"No puedo evitar venir aquí solo", comenta meditativo mientras recorre este templo, "esto podría ser el sitio perfecto para un museo de La Movida de Vigo", sugiere. Si no es posible convertirlo en un local de hostelería, sin duda podría ser un museo -cualquier opción es mejor que el gimnasio que llegó a recibir permisos para instalarse allí-.
Carteles, butacas y archivo con las películas proyectadas
Acceder al interior es escarbar en el pasado gracias al minucioso ejercicio de inventariado que llevaron a cabo sus propietarios. Detrás de la barra donde se vendían los aperitivos, un libro registra todas las películas que allí se programaron con la recaudación del día. Justo enfrente, unas escaleras ascienden flanqueadas por hermosas vidrieras. Una de ellas, con el escudo de la familia González de Haz. Eugenio, el fundador, aseguró aquel 15 de noviembre que "había puesto su máximo empeño en ofrecer a Vigo un cinematógrafo digno y a la altura de su pujanza actual".
En el piso superior, que conecta con la calle Pracer, todavía se encuentran los botellines que quedaron al cierre. Butacas de alguno de los otros cines que regentaba la familia González de Haz. Las letras con las que se confeccionaba cada letrero. Y también los restos de alguna de las películas que desde allí se proyectaron, "El prisionero de la Segunda Avenida", con Jack Lemmon y Anne Bancroft. Todo, bajo una cita de Charles Chaplin: "El tiempo es el mejor autor, siempre encuentra un final perfecto". Paradójicamente, José baja las escaleras llaves en mano sin demasiado optimismo sobre el final del Cine Vigo.