El mágico mirador donde las vistas al Miño se funden con la historia, la leyenda y la naturaleza salvaje

La desembocadura del Miño y el Monte Trega desde A Madanela.

En plena Serra do Argallo, situado entre los límites de los municipios pontevedreses de Oia y Tomiño, encontramos el impresionante Mirador da Madanela, también conocido como Alto da Pedrada. Esta elevación ofrece unas espectaculares vistas de buena parte de la comarca del Baixo Miño, con el río separando Galicia y Portugal y entregando sus aguas al Atlántico. Pero es que, además, entre las rocas de dan nombre a este pedregoso lugar, encontraremos enigmáticos vestigios históricos y fuentes de inspiración de innumerables leyendas.

Encontrándose justo en el límite de la parroquia tomiñesa de Barrantes y la oiense de Burgueira, podemos llegar a este singular mirador por cualquiera de los dos municipios. Tanto si lo hacemos desde la aldea de Bonaval (Oia) como desde la de Vilachán do Monte (Tomiño), el trayecto en coche es de unos 10 minutos en los que, según vamos ascendiendo, podemos ir disfrutando de la impresionante panorámica.

Si decidimos ir desde el lado de Tomiño podemos acercarnos hasta Vilachán do Monte y, desde allí, subir cerca de 4,5km en coche hasta la cima. Si lo hacemos por el concello de Oia debemos aproximarnos al núcleo de Bonaval y seguir las indicaciones del área recreativa del Pozo do Arco. Al llegar a una plantación de kiwis, en vez de desviarnos hacia el área recreativa continuaremos por la pista que sube hacia el monte y, tras avanzar unos 4km en coche y haber dejado atrás las instalaciones de una cantera, llegaremos a la cima.

En lo alto de esta elevación que alcanza los 519 metros sobre el nivel del mar encontraremos un mirador natural 360 grados desde el que podemos contemplar otros interesantes montes como el Trega de A Guarda y las sierras portuguesas. También tenemos una excelente panorámica de los valles de O Rosal y Tomiño-Tebra y del río Miño bañando las fértiles orillas gallega y portuguesa. Si miramos hacia la desembocadura, llegamos a ver la unión con el Atlántico e incluso las playas lusas y, si dirigimos nuestra mirada río arriba, podemos divisar Tui y, si el día está bien despejado, algunos territorios de la comarca de O Condado.

Si fijamos nuestra vista en el entorno inmediato encontraremos una gran caseta de vigilancia forestal, una cruz y un palco que nos hablan de días de fiesta y romería así como algunas rocas de peculiares y caprichosas formas y emplazamientos. Para completar la composición, no es extraño encontrar alguna manada de caballos que se crían en libertad y que ha elegido este monte como lugar de pasto.

Con todos estos ingredientes, es imposible que la receta resultante no nos hable de un lugar mágico. Un espacio donde la belleza de las vistas se funde con elementos históricos, simbólicos e inspira un sinfín de leyendas que aún hoy perviven en la memoria de la vecindad.

Vistas al Miño desde A Madanela, también conocido como A Pedrada

Vistas y defensas

Visitando un lugar con un control visual tan estratégico no es extraño que pensemos en la posibilidad de que, en tiempos pasados, haya albergado algún tipo de elemento defensivo. Aunque hoy en día los restos de una posible fortificación primitiva son casi inexistentes (las zonas mejor conservadas se encuentran al norte y al este) y bastante difíciles de detectar para un ojo inexperto, lo cierto es que más de un estudioso se ha detenido a estudiar el lugar y ha extraído interesantes conclusiones.

En los años 90, Jaime Garrido localizaba restos de un gran recinto con tres líneas de muralla casi concéntricas, con grandes muros defensivos en piedra colocada a junta seca (sin ningún tipo de mortero o argamasa) y en muchos casos levantados aprovechando afloramientos rocosos naturales. Llegó a estimar una superficie total de unas 16 hectáreas, considerándola como el segundo recito fortificado en altura más grande de la comarca, después de la gran Muralla Ciclópea del Aloia.

El estudioso achacaba el uso de este recinto a un posible uso de refugio de las personas que habitaban las aldeas cercanas en momentos de especial inestabilidad de un lejano pasado, recordando, por ejemplo, la presencia sueva en el siglo VI o las invasiones árabes y normandas de los siglos IX y X.

Una antigua capilla, muchas leyendas y una romería recuperada

El nombre de A Madanela (A Madalena) proviene de la antigua capilla dedicada a esta santa mártir que hubo en lo alto del monte, de la cual existen varias referencias documentales. Según indican los historiadores Xoán Martínez Tamuxe y Juan Martínez Barbosa en su obra Memoria histórica da capela da Madanela, las más antiguas datan del siglo XVIII, cuando ya se hablaba de un templo en ruina y sin culto. La pequeña ermita estaría situada en el límite de las dos parroquias, Barrantes y Burgueira, las cuales han recuperado la antigua tradición de la romería y la celebran desde 2004.

La celebración, que incluye el ascenso de la figura de la virgen al monte, se desarrolla cada año a finales del mes de julio. Durante los festejos, tanto desde Barrantes como desde Burgueira, romeros y romeras suben al monte a pie a disfrutar de la jornada de celebración, convivencia y oferta gastronómica.

Aunque los restos materiales de la capilla son inexistentes en la realidad, todavía eran apreciables en las primeras décadas del siglo pasado, por lo que la capilla de la Madalena está bien viva en la memoria colectiva. Y, además de la tradición de la romería, también han resistido al paso de los tiempos un sinfín de leyendas e historias vinculadas con el lugar.

Entre ellas está la que habla de 7 hermanos, cada uno con una capilla en lo alto de un monte. Esta leyenda tiene numerosas variantes en Galicia y una de estas versiones incluye a Madanela en la relación de los 7 hermanos/montes/capillas. Otra nos habla de una antigua tradición de subir en rogativa al monte para pedirle a la santa que lloviese cuando había tiempos de sequía.

Pero, sin duda, uno de los relatos más singulares es el que hace referencia a la construcción de la puerta de la propia capillita, hoy desaparecida. Todavía se cuenta en el lugar que, cuando se construyó el templo, al no haberse decidido dónde colocar el acceso de entrada, se había optado por llenar la edificación de agua para fuese el propio líquido, al evacuar, el que marcara la ubicación. Parece ser que el agua vertió hacia el lado de Vilachán… Y que de ese lado se habría construido el acceso.

A Madanela nos ofrece mil formas de leer, interpretar y disfrutar del paisaje. En esta elevación de la Sierra del Argallo tanto lo que se ve como lo que no se ve tiene la capacidad de revelarnos sus propias historias.

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