Con los termómetros disparados, marcando máximas por encima de los 40ºC en varios puntos del área metropolitana, buscar zonas de refugio, frescas y en la naturaleza puede ser para muchos el mejor plan posible. Y lo cierto es que Galicia esconde espectaculares rincones ideales para disfrutar de la naturaleza y el verano.
Además de las playas, tanto en las Rías Baixas como en los cauces fluviales, una buena alternativa para un plan diferente y refrescante puede ser acercarse a alguna de las piscinas naturales que deja el accidentado paisaje gallego. En el área de Vigo hay varias opciones de pozas naturales que ofrecen un entorno único y aguas cristalinas.
Uno de los municipios donde más piscinas naturales de este tipo se pueden encontrar es Oia, que además cuenta con numerosos senderos y zonas de gran interés natural, pero también merecen una visita las de Melón, complementadas con el valioso patrimonio histórico de la zona, o la archiconocida de A Moura, en Moaña, de muy fácil acceso.
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Pozas de Mougás

Oia es uno de los concellos que cuenta con más piscinas naturales de este estilo. Las Pozas de Mougás conforman un idílico sistema de piscinas naturales y cascadas. Integradas dentro de la conocida como "ruta máxica", estas pozas nacen de la fuerza del río Peito y sus afluentes, destacando especialmente la "Poza Grande", un auténtico balneario natural alimentado por una hermosa caída de agua. A pesar de su innegable belleza, el acceso no siempre es el más sencillo, con maleza y una excesiva presencia de eucaliptos que desplazan al bosque autóctono.
Este tesoro escondido se encuentra en el interior de la parroquia de Mougás, a medio camino entre Baiona y A Guarda. Llegar hasta allí está perfectamente señalizado, aunque el terreno puede resultar algo dificultoso si se acude con niños. El trayecto arranca en la carretera PO-552, tomando el desvío hacia Mougás y Viladesuso. Tras iniciar el ascenso y dejar atrás la iglesia parroquial de Santa Uxía, hay que tomar una pista forestal de tierra a mano derecha, justo antes de un picadero de caballos. Desde ese punto, aguarda un camino algo accidentado de poco más de dos kilómetros que culmina en este espectacular oasis natural. El camino, sin embargo, merece la pena.
Pozas de Loureza
También en Oia están las pozas de Loureza, estrechamente ligadas a las vecinas pozas de A Bugalleira, conforman un refrescante destino estival bañado por el río Tamuxe y rodeado de frondosos bosques que ofrecen una agradable sombra. Este entorno natural destaca tanto por sus piscinas y cascadas —donde se recomienda caminar con precaución para evitar resbalones sobre las rocas— como por el peculiar puente colgante de Acevedo. Además, si se sigue el curso del agua, el paraje continúa regalando tranquilos remansos y antiguas pesqueiras ideales para el descanso.
En cuanto a su ubicación y acceso, estas piscinas fluviales se encuentran en la parroquia de Loureza, muy cerca del límite con el municipio de O Rosal. Las zonas de baño están perfectamente señalizadas en la carretera EP-2202. Es necesario aparcar a un lado de la carretera y caminar por unas agradables pistas de tierra contiguas al núcleo poblacional. Por su parte, el puente colgante se localiza en un tramo posterior del río, en el kilómetro 7 de la carretera PO-354. Aunque la entrada al puente puede pasar algo desapercibida y el espacio de aparcamiento en sus inmediaciones es escaso, la singularidad de la estructura y la belleza inmersiva del entorno fluvial hacen que la parada sea obligatoria.
Pozas de Melón
"Si te gusta la naturaleza y las piscinas naturales es un 10, lugar soñado y tranquilo", escriben en las valoraciones de estas pozas en internet. Y no es para menos. Las Pozas de Melón, integradas en la conocida "Ruta del Agua", son un espectacular conjunto de piscinas naturales de aguas turquesas esculpidas por la erosión del río Cerves. Este popular enclave destaca por su innegable belleza y se divide en varios niveles interconectados por el transcurso del agua. En la parte más baja se encuentra la poza principal, muy frecuentada por familias y de gran atractivo visual; sin embargo, tras un ascenso de unos diez minutos por un sendero de tierra algo resbaladizo, se llega a la zona más alta. Allí aguardan impresionantes pozas escalonadas de diferentes tamaños que culminan en una cascada, ofreciendo un remanso de tranquilidad y unas vistas del paisaje rodeado de rocas erosionadas.
En cuanto a su ubicación y acceso, estas piscinas se localizan en el concello de Melón y se llega fácilmente hasta alcanzar un aparcamiento gratuito cercano al río. Desde ese punto, tan solo hay que seguir el sendero habilitado que acompaña el cauce fluvial. Además, la excursión se puede enriquecer visitando el excepcional patrimonio histórico situado a escasos minutos en coche. Destacan el Conjunto de Hórreos de Quins, una de las mayores agrupaciones de hórreos tradicionales de Galicia custodiada por varios cruceiros, y el Monasterio de Santa María de Melón, una imponente abadía cisterciense del año 1142 que, pese a estar parcialmente en ruinas tras la desamortización de Mendizábal, permite pasear gratuitamente por su entorno y disfrutar todo su encanto medieval.
Poza da Moura
La Poza da Moura es un idílico espacio natural envuelto en la mitología gallega, famoso por ser el antiguo escenario de una trágica leyenda de amor. Este oasis natural destaca por sus aguas frías y cristalinas que se precipitan formando una pequeña cascada. Aunque la poza es pequeña, es ideal para disfrutar de un picnic en familia mientras se contemplan unas vistas panorámicas de la ría de Vigo y el puente de Rande, situándose también a poca distancia del mirador de Chan de Arquiña.
En cuanto a su ubicación y acceso, este rincón se encuentra enclavado en los montes de Domaio, en Moaña. Llegar hasta allí es un proceso sencillo que comienza tomando el corredor de O Morrazo hasta la salida de Domaio. Desde ese desvío, se debe coger el primer cruce a la derecha en dirección a la urbanización del campo de golf, que es el punto exacto y recomendado para dejar el vehículo aparcado. Finalmente, desde el extremo de esta zona residencial, tan solo hay que seguir a pie un breve sendero habilitado que desemboca directamente en las orillas de la poza.