El corazón de Vigo ya prepara la Festa do Porco Celta, una cita con la gastronomía más tradicional

Fotos: Casa Soutomayor

Ni cocina fusión ni técnica de laboratorio, una buena pota y producto 100% gallego. Eso es lo que promete la ya clásica Festa do Porco Celta, que cada año aterriza en pleno corazón de Vigo. Una cita con la gastronomía más tradicional que reúne a decenas de vecinos y vecinas alrededor de la cocina de toda la vida.

"Esto no es algo que organicemos por los beneficios que nos da, cuando empezamos lo hicimos para recuperar esta raza que estaba en vías de extinción", relata José Fernández -Pepe, para quienes los habituales de Casa Soutomayor-. Este mítico restaurante del centro de Vigo se ha ganado la fama a pulso con sus conocidos cocidos, pero esto ya es otra cosa.

El propio dueño lo reconoce: "El cocido de cerdo está buenísimo, pero cuando entras por la mañana y están cocinando el porco celta, eso es otra cosa". Casi puede transmitir ese placer de llegar a una cocina viva en la que la comida se hace a fuego lento. Pepe explica que una cacheira de porco celta supera sobradamente en tamaño a una normal, y hasta el chorizo sabe diferente.

El pasado 20 de abril de 2013 inauguraron esta tradición, y el próximo 28 de marzo celebrarán ya la XI edición de la Festa do Porco Celta, la primera de todo Vigo. En su restaurante del número 8 de la calle Manuel Nuñez esperan acoger a cerca de un centenar de comensales. "Aunque las reservas están volando", advierte el propietario.

Menú de la Festa do Porco Celta de Vigo

La fiesta es toda una experiencia de la cocina más popular. Por 35 euros incluye un sabroso caldo, seguido de un platazo de cocido bajo una máxima que es marca de la casa: "comer a rachar", abundancia asegurada. Quien tenga hueco podrá seguir con filloas rellenas, chupitos y una queimada que organizarán en comunidad para poner el broche a esta fiesta.

Recordando la del 2025, Pepe repasa que se repartieron cerca de 20 kilos de cacheira, 15 de costilla, 20 de lacón y otros tantos de chorizo. Desde luego, nadie quedó con hambre. Pero más allá de la comida, esta cita es una preservación de las tradiciones de Galicia.

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