Vigo ha vuelto a demostrar este 1 de mayo porque es una de las urbes obreras de este país. Ese carácter de ciudad industrial se conserva pese a los contratiempos y a los varapalos de un mundo y una sociedad que no atraviesan su mejor momento con la irrupción de los extremismos a nivel mundial. En las diferentes marchas de este Día del Trabajador, las decenas de miles de personas que participaron en las movilizaciones reclamaron mejoras labores y salariales, pero también lanzaron un grito por la democracia y por su rechazo a la guerra.
Este 1 de mayo en Vigo deja tres grandes manifestaciones, la de la CUT -la más madrugadora, seguida de la CIG y la programada por UGT y CCOO, donde esta última marcha cambió el recorrido habitual por las calles del centro para desarrollarse en el barrio de Coia, concretamente desde la rotonda del barco de Alfageme hasta concluir en el Parque de Castrelos. Convocatorias distintas, que fragmentan la presencia en diferentes movilizaciones, pero en la que decenas de miles de personas secundaron con un objetivo común en el que reclaman que las consecuencias de la guerra no la paguen las trabajadoras y trabajadores.
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Al contrario que años anteriores, los sindicatos CCOO y UGT eligieron A Coruña para su acto central mientras que la CIG cambió a última hora su acto central desde Vigo hasta Lugo como respuesta a la "deriva autoritaria y golpista" del PP por la moción de censura que hará con una concejala tránsfuga en la ciudad contra el bipartito de PSdeG y BNG. Pese a ello, la respuesta fue amplia, con miles de personas tomando las calles del centro de la ciudad y del barrio vigués de Coia para defender los derechos laborales y luchar por un mundo en paz y sin guerras.
