Coincidir en la misma clase, para muchas personas, fue motivo suficiente para crear una amistad de por vida. La infancia resulta a veces tan sencilla que llevar la camiseta de Iago Aspas o compartir un bocadillo puede unirte a una persona totalmente desconocida. Pero qué pasa cuando la vida adulta impone obstáculos como la rutina, las responsabilidades o las decepciones. La treintena traza una línea invisible, si acaso una frontera insuperable, para muchos vigueses y viguesas. Raúl, Belén, Eva y Serxo, sin conocerse, se han sentado en la misma silla para hablar de la amistad en tiempos de adultez.
"Existe una obsesión por la independencia, el individualismo y la autosuficiencia, pero la realidad es que somos seres interdependientes", sentencia Cristina Rodríguez Castro, psicóloga. Su consulta se encuentra en el centro de Vigo y por ella pasan vecinos y vecinas de la ciudad con todo tipo de inquietudes: "La falta de amistades, en la mayoría de casos, no es el motivo original. Pero si rascas un poco en la vida del paciente, la soledad viene disfrazada de ciertas dificultades".
- Te puede interesar: Los clubs de lectura se llenan en Vigo, ¿pasión por la lectura o una forma de conocer gente?
Al cumplir los 31 años, Serxo lo notó: "Vale, necesito un poco más de vida social". El confinamiento por la pandemia del coronavirus le había robado años, cavando un foso entre su vida de veinteañero y la de ahora. Lo cierto es que él tampoco es el mismo: "Antes me gustaba más salir de fiesta, pero ahora me apetecen más planes de día como dar una vuelta, ir a desayunar o echar unas partidas".

Con algo más de experiencia, Raúl lo sintetiza en una frase: "Cuando tienes 12 años haces una fiesta e invitas a toda tu clase; a los 40, quedas con tu grupo selecto". Para él, lo que sucede con la edad es que uno aprende a elegir con más precisión sus amistades. Aunque también son los gustos los que juntan a las personas, no tanto la coincidencia: "Si conocieras hoy a muchos de tus amigos de la infancia, probablemente no serían tus amigos".
Raúl es el director de Chachacha Studio, lo que le lleva a vivir expuesto a un entorno creativo y muy estimulante. Él se define como una persona extrovertida, pero admite que "con el tiempo pierdes algunas amistades porque vuestras vidas van por caminos distintos". Mudarte a otro lugar, los horarios del trabajo o tener un hijo condiciona cómo evoluciona la vida: "Yo quiero a muchos de mis amigos, pero también es verdad que cuando tienen peques acabáis haciendo planes distintos".
Primer paso, conocer a alguien
La edad, además de una frontera, es en muchos casos un aglutinador. Solo pertenecer a la misma generación puede facilitar una amistad, aunque un entorno de trabajo puede propiciar que una persona 20 años mayor acabe siendo tu mejor compañero. Sin embargo, ¿cómo se conoce a alguien fuera de la familia, el entorno laboral o los estudios?
Belén trabaja a diario con esta realidad; la soledad y el asilamiento social. "La ciudad se peatonaliza, pero se pierde el uso comunitario", explica sobre su experiencia en Vigo. Para ella, la vida de barrio está desapareciendo en los barrios y eso dificulta conocer a gente de forma más natural. A ello, se suma que "la rutina te fuerza a estar solo"; vas por la calle con auriculares que aíslan del sonido, el ocio te invita a cerrarte en casa para ver la última serie del momento en Netflix y en el gimnasio optas por usar máquinas en lugar de apuntarte a una clase.
Y muchos encuentran la solución en una app. Es una alternativa real, funciona, pero la psicóloga Cristina Rodríguez advierte: "Las redes sociales pueden ser una herramienta, pero nunca un sustitutivo de las relaciones personales". Resulta necesario superar la pantalla. Para ello, Belén optó por apuntarse a cerámica, por ejemplo: "Al cabo de un tiempo, te quedas un rato más con los compañeros, otro día propones otro plan".
- Te puede interesar: La revuelta de los balcones verdes, el Vigo que colorea una ciudad gris
Tras pensarlo mucho, Raúl ha diseccionado este momento de las relaciones personales y lo ha bautizado como "efecto racimo". Cada interacción es como una uva y a medida que se acumulan vas construyendo una amistad.
Miedo a romper el hielo
En ocasiones, lo difícil no es conocer a alguien sino dar los pasos adecuados para que se convierta en una amistad. Para Belén, esto sede a que "hay un factor abstracto, que es el miedo a romper el hielo". Te cae bien, crees que tenéis sintonía pero no sabes cómo continuar para generar más confianza. "Yo tengo la 'tarita' de que no me sale de forma natural proponer planes", admite Serxo.
No es cuestión únicamente de timidez, Eva es una persona extrovertida y risueña. Aun así, siente "que hay un trecho enorme entre conocer a alguien y llegar a la amistad real". Eso, en ocasiones, le ha generado frustración porque "tienes facilidad para relacionarte pero te cuesta construir esa intimidad".
Para Cristina Rodríguez existe un factor determinante que complica romper la barrera: "Al crecer acumulamos experiencias, algunas de ellas dolorosas, y eso nos lleva a ser más cautos".
Luto
Las malas experiencias juegan también una pasada. A veces el sentimiento de soledad no viene solo por no conocer a nuevas personas, sino por perder relación con quienes eran importantes. "He llegado a sufrir más por la ruptura de una amistad que por una pareja", confiesa Serxo.
No solo él, Raúl coincide y añade que a veces algo así sucede por descuidar la relación: "Lo que nos falta a veces, especialmente a los hombres, es verbalizar el afecto. Decir 'te echo de menos' o 'valoro mucho los ratos que pasamos juntos', por ejemplo". Eva también tiene alguna cicatriz al respecto: "La responsabilidad afectiva y el saber reparar si haces daño son cosas que se suelen cuidar en la pareja, pero que muchas veces se dejan atrás en las relaciones de amistad".
¿Hay posibilidades?
El azar a veces une a las personas, también después de los 30 años. Una clase de zumba que desbloquea la vergüenza, una amistad en común, un club del lectura o una aplicación móvil. Pero, en la mayoría de ocasiones, la predisposición es determinante, así lo explica la psicóloga Cristina Rodríguez: "Acercarse a los demás requiere una actitud abierta y accesible, pero esa apertura, en la adultez, a veces hay que reconstruirla poco a poco, con seguridad y sostén".
Suena sencillo, pero para muchos vigueses y viguesas parece una frontera insalvable. El agobio ante otro fin de semana sin un plan impone expectativas. Y todo, en una ciudad que en la que parece que no dejan de suceder cosas a las que uno nunca asiste. ¿Y si un "te apetece hacer algo" abre una puerta?