El día que el pueblo gallego se impuso al infierno

Voluntarios se afanan para apagar el fuego con cubos en el centro de Vigo

Ganamos los buenos. Ganamos a pesar de las víctimas mortales y de las cicatrices con las que han amanecido hoy nuestros montes. El enemigo no era el huracán Ophelia. Los vergudos estaban entre nosotros. Supieron esperar su momento para sembrar el pánico y atentar contra todo ese patrimonio que convierten a Galicia en un lugar único.

 

El domingo fue un infierno. Las lenguas de fuego cercaban Vigo y su área. Era el escenario de una película apocalíptica. Goteo constante de sirenas. Surgía el dolor, la rabia y la impotencia, pero jamás el miedo. Ya entrada la noche, los gallegos decidieron no quedarse en casa. Los cubos se convierton en su arma para luchar contra el terrorismo forestal. Demostraron, como en la catástrofe del Prestige, que solo el pueblo puede salvar al pueblo.

 

En la Avenida Fragoso, a la altura del número 52, se vivieron momentos de pánico. Pasadas las 21:00 horas se registraba un incendio en el monte que está junto a un aparcamiento público. La rápida intervención de los vecinos evitó el drama. Fueron cinco horas intensas. Cadenas humanas con cubos de agua y una manguera permitieron controlar el fuego. Los Bomberos extinguían las llamas, pero el incendio surgía de nuevo en diferentes puntos de la zona. La alerta era máxima. El objetivo era enfriar el terreno para evitar que se reavivasen las llamas.

 

Las 01:30 horas era el pico de viento. Las vigilancias continuaban. Vecinos tanto de Fragoso, Florida y otras calles como Eugenio Kraff inspeccionaban la zona y sofocaban de inmediato un incendio que amenazaba con brotar de nuevo.

 

La Policía Local aparecía en el lugar para comprobar el estado del incendio. Un agente agradecía la colaboración ciudadana. "Sin vosotros este fuego, el de Navia o el de O Castro no estarían apagados". Policías de A Coruña reforzaban los dispositivos en las provincias de Pontevedra y Ourense, pero los medios no eran suficientes. Los Bomberos también estaban desbordados por la oleada de incendios que devastó el sur de Galicia, los gallegos han sido de nuevo un ejemplo de orgullo, lucha, trabajo y solidaridad para sobreponerse y doblegar al infierno del terrorismo forestal. 

 

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