La Finca do Frendoal en Aldán es uno de esos escenarios que nuestra mente recreaba cuando éramos pequeños para situar las historias fantásticas de hadas, castillos y príncipes al rescate. Justo como los cuentos describen los bosques encantados, abandonados hace años y con la maleza ocupando zonas de un modo sobrecogedor, como intentando esconder algún secreto. Tal vez parezca una descripción algo hiperbólica, pero si visitáis este espacio comprenderéis por qué se le conoce coloquialmente como El Bosque Encantado.
Este "bosque" no es realmente otra cosa que los jardines privados del pazo Casa Torre de Aldán, propiedad de los Condes de Canalejas, o lo fueron hasta no hace muchos años, cuando con la construcción de la carretera PO-315 la propiedad quedó dividida y la parte de la finca se donó al Concello de Cangas para el disfrute público. Hasta ese momento el espacio era utilizado por los condes y sus allegados como espacio de recreo y coto de caza y contaba en su interior con construcciones arquitectónicas singulares.
El camino por estos jardines permite disfrutar de una vegetación completamente salvaje (en parte por la escasa atención y cuidado que recibe) que genera un ambiente misterioso y mágico. Precisamente entre ella se esconde uno de los grandes atractivos del parque, el castillo de los condes. Una construcción que, aunque pueda parecer milenaria, data de los años 60, momento en que se empezó a construir como espacio de descanso para los condes y como un atractivo más de los jardines, pero nunca se llegó a terminar.
El pequeño castillo cuenta con cada uno de los detalles de una fortificación medieval - o por lo menos así estaba planteado -, foso, puente levadizo, torreón... es fácil recrear historias fantásticas en esta inacabada construcción y sin duda es un paraíso para la imaginación de los más pequeños, que podrán ambientar a sus puertas batallas, rescates y huidas.
Dejando atrás el castillo, se presenta un enorme arco, conocido como Arco de la Condesa, que soporta un acueducto encargado de transportar agua hasta los jardines. Hay quienes apuntan a un primitivo acueducto de la época romana utilizado para abastecer de agua una supuesta factoría de salazón, aunque lo más previsible es que sea una construcción mucho más reciente. Sin embargo, lo que es seguro es que los condes lo reutilizaron para funciones de regadío y agricultura y que hoy contribuye al ambiente del parque.
De hecho este no era la única construcción de este tipo, pues un segundo arco se destruyó con la construcción de la carretera. Cruzando el que todavía queda en pie llama la atención un eucalipto centenario, que se suma a los abedules, robles y castaños que dan sombra a los caminos.
Pasando la entrada al puerto de Aldán se aprecia un muy pequeño puente medieval que cruza el río Orxas. Justo tras él, un antiguo lavadero conocido como Fonte de San Cibrán, que aprovecha el caudal. Siguiendo el propio trazado del río se encuentra el acceso a la finca, que no está señalizado.
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Es muy triste el abandono que sufren estos jardines. En vez de potenciarlo para ser un atractivo turístico, se deja de lado. Si ahora parece de un cuento de hadas me lo puedo imaginar en buen estado. Precioso.