Las reinas del silbato: el testimonio de cuatro árbitras de la élite del deporte

Un centro de estética, Caixabank, un hospital y la preparación de oposiciones para Policía Local son las ocupaciones que cuatro mujeres que están en lo más alto del arbitraje en sus respectivos deportes (fútbol, voleibol, baloncesto y balonmano) combinan con su compleja tarea en los campos de juego de toda España. Elena Casal, Elena Rivas, Susana Rodríguez y Paula Lema llevan años superándose para evolucionar en sus carreras deportivas y tras los difíciles comienzos que vivieron algunas de ellas siendo pioneras en mundos predominantemente de hombres, han hecho su sitio y son un referente para todas las que vengan detrás. Una final olímpica, un Galicia-Cataluña en Balaídos, la primera final de Minicopa femenina de balonmano o formar parte del primer trío arbitral femenino en un partido de LEB Oro son tan solo una muestra de las grandes experiencias que les ha regalado la pasión que les une: ser árbitras.

Elena Casal - Fútbol

Hace 30 años nació en Vigo Elena Casal y fue a los 15 cuando se despertó su pasión por el arbitraje mientras veía a su hermano jugar partidos de fútbol. Nunca practicó este deporte, sino que era nadadora, pero a día de hoy arbitra en la Tercera División masculina y Primera femenina -ahora llamada Liga Iberdrola- (una categoría donde son un total de 22 mujeres ejerciendo la profesión) y ha repartido justicia en campos emblemáticos como el del Mini Stadi de Barcelona, el estadio de Balaídos o el de Riazor, entre otros. Tras un curso de iniciación, pruebas, exámenes, entrenamientos y sus inicios como árbitro asistente, ahora está en lo más alto pero es consciente de todo lo que ha pasado hasta llegar hasta donde está. “Las categorías más duras son segunda y tercera autonómica. Arbitré esos encuentros con 16 o 17 años a señores que podían ser mis padres y había hombres a los que les costaba asimilar que una niña les dirigiese”, afirma, al mismo tiempo que añade que por temporada puede arbitrar en más de medio centenar de partidos.

Para ella “ya no es novedad ver a una mujer arbitrando” y confiesa que se siente totalmente “apoyada y respetada por compañeros y jugadores”. Sobre los tristes casos de insultos machistas a árbitras e incluso a jugadoras de los que los medios se hicieron eco, Casal sostiene que “los comentarios machistas son casos muy aislados” y cuenta que no recuerda que al menos en campos de Galicia nadie se haya dirigido a ella en esos términos. En los años de carrera profesional que acumula a sus espaldas ha vivido de todo, aunque recuerda con especial ilusión un Galicia- Cataluña en Balaídos el 21 de diciembre de 2007. “Fue único porque hacía más de 20 años que no había una selección absoluta femenina gallega y estaba al frente Vero Boquete”, rememora.

Disfruta de su pasión pero no es un sueño ideal como muchos lo pintan, ya que lo que gana no es suficiente para vivir (razón por la que trabaja de esteticista) y requiere de una dura preparación física de aproximadamente ocho horas semanales en un gimnasio, las instalaciones del CUVI y las pistas de atletismo de Balaídos. Según datos del Comité Técnico de Árbitros (CTA) de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), los hombres que arbitran cobran 22 veces más que las mujeres, siendo su sueldo de 3.600 euros por partido, una cifra muy superior a los 170 que se llevan ellas por el mismo trabajo, una situación que Casal vive en su propia piel y tiene muy presente. “Tenemos que ser conscientes de que el fútbol femenino acaba de empezar y tiene que evolucionar y seguir creciendo, por eso no veo una igualdad salarial a día de hoy. El CTA y la RFEF están trabajando para que esto cambie”, confirma.

Sobre su futuro en los campos y el fútbol femenino, aclara que “disfruta al máximo cada domingo y todo el esfuerzo realizado vale la pena” a lo que añade que “dentro de poco ya no será noticia la gran afluencia de público a los partidos de chicas” aunque concluye apuntando que “de momento está bien que los medios le den cobertura para que gane cada vez más visibilidad”.

Elena Rivas - Balomano

Rivas lleva la pasión por el balonmano en la sangre. Su madre y sus tíos jugaban y su hermana continúa compitiendo en las pistas. A sus 30 años, pasó más de media vida compitiendo con un club de Redondela pero un día cualquiera le picó la curiosidad por ver su deporte predilecto desde otro punto de vista, hizo un curso de iniciación para saber más sobre este deporte de pelota del que pensó que “se quedaría en algo formativo” y la realidad fue que actualmente arbitra en Primera División Nacional masculina y División de Honor Plata femenina (a dos categorías de estar en la élite del arbitraje masculino y a una de ejercer en la máxima categoría femenina nacional).

“Empecé en la temporada 2012-13, llevo siete años arbitrando. Hago cuatro o cinco partidos el fin de semana y uno o dos territoriales a los que se añaden los torneos de Navidades y que siempre suelo pasar la semana de Reyes fuera trabajando”, enumera, al mismo tiempo que remarca la importancia de ir acumulando experiencia y no solo conocimientos sobre el reglamento. “La realidad se vive en la pista, donde se dan situaciones donde tienes que saber desenvolverte y es clave aprender de los errores”, explica. Ha pasado todo tipo de experiencias en encuentros, desde uno en el que reconoce que “psicológicamente no estuvo a la altura y que le superó”, hasta otros que recuerda con especial cariño como la primera final de minicopa femenina que hubo en España y que tuvo el privilegio de pitar.

Llegar al punto en el que está le ha costado mucho esfuerzo y preparación, para lo que cuenta con la ayuda de un entrenador personal propio y una psicóloga deportiva, una figura de la que remarca su importancia sobre todo en “situaciones límite”. “Hace dos fines de semana pité un primero contra segundo en el que estaban empatados a puntos y el que ganaba pasaba a la fase de ascenso y el que no se quedaba fuera, además de que era derbi porque ambos equipos pertenecían al mismo pueblo. Uno tiene que estar preparado y no dejar que la situación le domine”, dice. Sobre los comentarios machistas que algunas árbitras de otros deportes desgraciadamente reciben, Rivas sostiene que “sí es cierto que a veces se escuchan pero cada vez menos” a la vez que cuenta que ella ha sido víctima de algunos. “Recibí este tipo de comentarios por parte de aficionados en determinados campos, pero en general siempre me he sentido muy respetada y en igualdad de condiciones respecto a mis compañeros, soy uno más”, asegura.

A pesar de que arbitrar es su pasión, reconoce que lo que gana no es suficiente y está preparando las oposiciones a Policía Local, además de estar licenciada en ADE. En la máxima categoría masculina se cobran 440 euros por partido y en la femenina 240 euros. “En balonmano entre mujeres y hombres árbitros hay igualdad total, pites el partido que pites vas a cobrar lo que está estipulado”, detalla. Rivas nunca para de aprender y por esa razón acude cada año a un stage femenino que se celebra en diferentes comunidades impartido por la que ella describe como “la mayor representante a nivel mundial del arbitraje femenino”, que no es otra que la gallega Cristina Fernández. “Estuve en Valencia recientemente y pude disfrutar de charlas de los mejores árbitros del mundo y recibir consejos sobre cómo mejorar la preparación física, los entrenamientos prepartido, compartir experiencias…fue muy enriquecedor”, comenta.

Para ella, el balonmano femenino está en pleno auge y habla ilusionada de las cada vez más numerosas retransmisiones de los partidos en Teledeporte y confía en que “en uno o dos años una pareja femenina o dos accederán a la élite del balonmano español a nivel de arbitraje”.

Susana Rodríguez - Voleibol

La albaceteña hace malabares desde hace años para compaginar su tarea de árbitro internacional con su trabajo en Caixabank ya que admite que “del arbitraje de voleibol no se puede vivir”. Debido a su intenso ritmo de vida no tiene vacaciones y los permisos sin sueldo son para acudir a las competiciones, pero gracias a eso en su trayectoria figuran 540 partidos de Superliga, 400 internacionales (finales olímpicas, campeonatos del mundo y de Europa) y a los 22 años era la primera mujer árbitro en la máxima categoría nacional. Reconoce que fue difícil romper barreras y que su carrera empezó “siendo una niña en un mundo muy machista” pero supo sobreponerse a todas las dificultades del camino y puede contar con orgullo que ha dirigido los cuartos de final y la medalla de bronce entre Japón y Corea del Sur de voleibol de los Juegos Olímpicos de Londres y la final olímpica en Río, entre otras muchas experiencias. Nunca se imaginó que la decisión entre hacer voleibol o balonmano como actividad extraescolar en el colegio derivaría en una pasión con la que recorre más de 10 países al año y gracias a la que forma parte del 15% del total de árbitros de voleibol europeos, que son mujeres.

“Todo comenzó cuando desde la federación nos ofrecieron hacer un curso de anotadores para hacer de mesa en algún partido y sacar dinero extra los fines de semana, algo que con 14 años atrae. Después de varios cursos (territorial A y B, nacional A y B…) y tras tres años en la máxima categoría nacional, el presidente del comité de árbitros se fijó en mí y dijo que quería trabajar conmigo y apostar por mí porque podía llegar alto”, explica, a lo que añade entre risas “que la apuesta no salió demasiado mal”. Reconoce que en algunos momentos de su carrera recibió insultos pero que los comentarios desafortunados “la hicieron más fuerte” y se dio cuenta de que estaba ahí “por sus méritos y su valía”. “En mis inicios que la gente se acordase de mi madre lo sufría a veces con mucha asiduidad. En cuanto a la formación yo no he notado discriminación ya que los instructores que he tenido siempre nos trataron por igual a chicos y chicas y valoraban las capacidades, no el género de cada uno”, explica.

En su experiencia en alta competición, destaca que es un mundo complicado porque “la velocidad del balón es tremenda” pero admite que es positiva la ayuda de los jueces de línea, el segundo árbitro, el anotador y el video challenge (hace la función del VAR en el fútbol). “Lo importante es tener los conocimientos y saber aplicarlos pero también pasar lo más desapercibido posible, cometer el mínimo número de errores y que eso no decida un partido”, cuenta. Estos conocimientos y filosofía de trabajo los aplicó en los Juegos de Londres, donde arbitró los cuartos de finaly el encuentro por la lucha por la medalla de bronce; y la final olímpica de Río entre China y Serbia. “Ser yo la persona que toma decisiones en este tipo de encuentros no se me va a poder borrar de la memoria”, afirma emocionada.

Rodríguez contempla el arbitraje como “una afición”, ya que por cada partido, por ejemplo de Champions League, cobra 300 euros y a nivel nacional unos 130, unas cifras que no dan para vivir solo de esta profesión. ““Para poder vivir solo de esto tendrías que pitar todas las semanas varios partidos internacionales. A mí arbitrar casi que me cuesta dinero pero lo hago por vocación y porque me gusta moverme en la élite, estar en contacto con los mejores jugadores y entrenadores en competiciones de muy alto nivel”, reconoce. Sobre las diferencias salariales entre sexos, comenta que tanto hombres como mujeres “cobran exactamente lo mismo y que como no son profesionales no es tanto un salario como una dieta lo que reciben”. Además, el trabajo que Rodríguez y sus compañeros realizan requiere una cierta preparación física y una mayor psicológica, ya que como ella misma cuenta, “cuando termina de arbitrar un partido de dos horas, a los 30 minutos le viene el bajón y está destrozada como si hubiera estado corriendo todo ese tiempo”.

En cuanto al futuro del voleibol femenino y sobre las mujeres que arbitran, la albaceteña destaca que “hay una parte de la sociedad criada de forma patriarcal que todavía piensa que la mujer no debería estar arbitrando” y sostiene que “le encantaría no tener que distinguir entre hombres y mujeres árbitros, sino que se hablase de árbitros en general”. Sobre el deporte en el que la red es la protagonista, defiende que “es uno de los más seguidos en los Juegos Olímpicos y que lo que falta es saber vender el producto para que sea interesante en la televisión”. “Parece que si no sales en televisión no existes, por lo que es positivo que cada vez se retransmitan más partidos y no sólo por streaming. El problema en que hay algo que no estamos haciendo bien porque no se llenan pabellones como en otros países”, afirma. El límite de edad para seguir sobre la silla en las pistas está estipulado en los 55 años, un momento para el que le queda más de una década, pero que tiene presente. “No me veo los 11 años que me quedan hasta la edad límite arbitrando pero mientras siga disfrutando continuaré y ahora mismo mi meta está puesta en los Juegos Olímpicos de Japón 2020”, concluye.

Paula Lema - Baloncesto

La coruñesa empezó a arbitrar a los 18 a la vez que jugaba pero tras varias lesiones del ligamento cruzado de la rodilla se vio obligada a alejarse de la cancha y gracias a una amiga que se inició en un curso de formación acabó dejándose seducir por el arbitraje de baloncesto. Es una mujer de élite, unida a las 7 que trabajan en su categoría, y ejerce en el grupo 1 de la Liga LEB Oro, LEB Plata y Liga Femenina, a tan solo un paso de la ACB, el techo de este deporte. Su nombre es conocido en el mundillo porque formó parte del primer trío femenino de árbitras que dirigieron un partido de LEB Oro bajo una gran expectación mediática y considera su tarea de árbitro como “un hobby remunerado” que combina con su trabajo de enfermera para el que muchas veces dobla turno o hace tres noches seguidas para poder compaginarlo con las competiciones a las que tiene que asistir por toda España.

“Todo requiere su esfuerzo pero también influye que tengas suerte y visibilidad y que se fijen en ti. Tienes que conocer las reglas, estar preparado físicamente y el resto viene dado con experiencia, partidos, personalidad y empatía”, asegura. Tiene decenas de partidos a sus espaldas y es su segundo año con plaza en el grupo 1 de la LEB Oro, pero recuerda con cariño su primera experiencia pitando hace años en el pabellón coruñés del Agra cuando tenía 18 años. “Pululaba por la pista haciéndolo lo mejor que sabía”, recuerda entre risas mientras rememora otros grandes momentos como la final de la Copa Príncipe o cuando debutó en su actual categoría. Lema reconoce que “antes de un encuentro siempre tiene nervios, inquietud y ganas y que en el momento en que vaya a un partido y los jugadores no reciban una sonrisa o un gesto amable por su parte, eso será señal de que llegó el momento de retirarse”.

Sobre las actitudes machistas respecto a las mujeres que ejercen de árbitros, la coruñesa explica que “no cree que por ser mujer le insulten de manera diferente a un compañero” y defiende que no se siente discriminada en su trabajo en las pistas. Sobre los sueldos del baloncesto, explica que “no son algo estable con lo que se pueda afrontar una hipoteca pero que hombres y mujeres cobran igual por partido”. “En LEB Oro el sueldo es de 455 euros, Liga femenina más de 200 y LEB Plata unos 200 euros”, detalla. A las ganancias va unida una preparación exigente, ya que Lema entrena tres días a la semana a la vez que trabaja en el hospital, sobre todo distancias reales de partido (el campo mide 40 metros), arrancadas y frenadas.

Confiesa que “sería un sueño ascender de categoría” pero admite que “trabaja con la mentalidad de disfrutar con lo que hace y que su ilusión ahora mismo es poder arbitrar play off de chicas o de chicos”. Lema también se pronuncia sobre el futuro del baloncesto femenino y comenta que “está en auge” ya que equipos como el Girona o el Salamanca consiguen tener entre 5.000 y 6.000 espectadores en sus pabellones. “Hay que seguir trabajando mucho sobre todo en deportes que no sean el fútbol. El baloncesto masculino arrastra a mucha gente pero el femenino también tiene mucho camino por delante para crecer”, apuesta.

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