Vigo vivió y disfrutó de una noche para el recuerdo. Maná ha hecho historia. A falta de un balance oficial, decenas de miles de personas procedentes de otros puntos de Galicia y España no desaprovecharon la oportunidad de ver gratis el recital de la banda de rock latino más importante de todos los tiempos.
La expectación era máxima. Muchos seguidores hacían prácticamente un seguimiento al minuto de los pasos del conjunto mexicano en la ciudad olívica. A primera hora de la tarde comenzaban a llegar los más madrugadores. Las gradas del anfiteatro del Auditorio de Castrelos presentaban un ambiente espectacular alrededor de las 19:00 horas, cuando todavía quedaban cuatro horas para que empezara a sonar la música de Maná.
Pese a las medidas excepcionales adoptadas por el Concello, la afluencia al parque urbano vigués era multitudinaria. Los vehículos tardaban media hora en cruzar los metros que separan As Travesas de Castrelos mientras una marea humana procedente de diferentes zonas de la ciudad acudía en masa para no perderse el concierto estrella del Vigo en Festas 2018.
Al filo de las 23:00 horas se acercaba el gran momento. Abel Caballero volvía a ejercer de telonero. Presentaba uno de los recitales más exitosos de la época reciente. Tras la intervención del regidor vigués, se establecía el primer contacto entre Maná y Castrelos. Los mexicanos rompían el hielo con "Manda una señal". Vigo captó el mensaje. Se entregó, cantó y bailó para celebrar junto a la banda mexicana los éxitos que le han llevado a convertirse en el conjunto de rock latino más importante de la historia.
El recital duró más de dos horas, un espectáculo de más de 120 minutos en el que cada segundo será recordado. Cada instante forma parte de las miles y miles de personas que decidieron no faltar a su cita con Maná y con los himnos que han marcado a varias generaciones. No faltó prácticamente ninguno. "Oye mi amor", "En el muelle de San Blas", "Vivir sin aire" o "Clavado en un bar" resonaron en un Parque de Castrelos en el que los asistentes llegaban hasta la zona del Pazo de Quiñones de León.
La comunión era total. Lo fue desde el primer acorde, desde la primera estrofa de "Manda una señal". El recital fue un engranaje perfecto, un sistema que permitió unir dos pueblos como el mexicano y el gallego. Fher Olvera mostró la bandera de su país con el mismo orgullo que se rendía ante la belleza de Vigo y "la región gallega" o al vino albariño que degustó durante el propio concierto. Sin embargo, uno de los momentos más esperados y que pasarán a la historia se produjo en el último tema. El público coreaba el estribillo de "Rayando el sol". La noche de Castrelos se iluminaba con las miles de luces de los móviles que acompañaban el tema con el que Maná se despedía de su primera cita con la ciudad olívica. En ese momento, Fher Olvera se enfundaba una camiseta del Celta con el número y el nombre de Iago Aspas, un regalo que antes del recital le había dado su amigo Antonio Mohamed. El guiño se culminaba. El círculo se cerraba a la perfección. Vigo no olvidará a Maná; Maná tampoco se olvidará de Vigo.
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