Adiós a Federico Luppi con tres películas irrepetibles

Federico Luppi es un grande del cine iberoamericano. O fue. Hoy hemos conocido la noticia de su muerte. Cuesta hablar en pasado de una figura imprescindible de nuestro cine como lo fue él. Nació en Ramallo, una pequeña ciudad a algo más de 200 quilómetros de la capital argentina. De eso hace 81 años. Desde entonces, Luppi participó en más de 100 películas donde su irresistible presencia y su imponente voz han dejado un sello inconfundible.

Pero sin duda, Luppi va intrínsecamente unido a la figura de su compatriota Adolfo Aristarain. Con él ha firmado brillantes interpretaciones como las de Martín Hache o Lugares Comunes. Fue precisamente con la primera con la que ganó la Concha de Plata al mejor actor en 1997.

Hoy, cuando ya hemos perdido al genio, lo recordamos precisamente con tres películas de la mano de Aristarain.

1. Un lugar en el mundo

Estrenada en 1992, “Un lugar en el mundo” es un relato épico de la lucha de la izquierda contra el capitalismo. El débil contra el poderoso. Con un marcado tono izquierdista –como es habitual en Aristarain-, "Un lugar en el mundo" relata la historia de lucha del pueblo frente al oligarca, que siempre gana. Una historia agridulce que nos presenta personajes trabajados, profundos y que no solo nos hablan de política, sino también de las relaciones sociales, la amistad, el amor o la pérdida de la inocencia.

2. Martín Hache

La lucha por encontrar la identidad propia. Por encontrar un lugar en el mundo (irónicamente el titular de la anterior cinta). Los sentimientos, enfrentarse a la vida, a la búsqueda de un camino propio. Con diálogos brillantísimos, Martín Hache nos habla de la lucha entre cumplir con los sueños o simplemente hacer lo que estamos supuestamente destinados a hacer.

Personajes hiperrealistas se dirigen directamente al espectador, mostrándole sus dudas, sus miedos y sus pasiones. También su hipocresía. En la película, Luppi se muestra ante nosotros como un director de cine, arrepentido, amargado y que no sabe cómo afrontar la relación con un hijo que no encaja en la sociedad y que estuvo a punto de perder la vida.

3. Lugares Comunes

Cerramos este muy breve paso por la filmografía de Luppi con Lugares Comunes. Una oda al amor. No al amor platónico, al real. De carne y hueso. De tensión y drama. De admiración y deseo. De alegría y tragedia. ¿Cómo vivir sin traicionar los estrictos cánones morales autoimpuestos? Una pregunta difícil de contestar y a la que Luppi, que da vida a Fernando Robles, se enfrenta constantemente. Una película sin artificios ni efectos especiales. Simplemente pura narrativa. Pura poesía. Diálogos brillantes, casi subversivos que abofetean al espectador hasta dejarlo sin aliento.

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