Saltando charcos en Vigo para hacer del mundo un lugar mejor

Vigo acogió este sábado una máquina del tiempo. La ciudad que enamoró a Julio Verne nos abrió los ojos. Para viajar en el tiempo no es necesaria ni una nave especial ni ninguno de esos transportes que hemos visto en las películas de ciencia ficción. Basta con creer. Con tener ilusión. Esa ha sido la gasolina de este viaje a la infancia que preparó el Centro Comercial Gran Vía en uno de los eventos más destacados del mes en la urbe gallega.

Al final bastante con un charco y con la travesura que todas y todos realizamos, al menos, una vez en la vida. El Campeonato Mundial de Salto de Charcos Solidario ha sido la muestra que la batalla ya está ganada. Mayores y pequeños se atrevieron a concursar en esta cita que contó con la participación de cerca de 80 saltadores y a la que asistieron decenas de personas.

El Campeonato Mundial de Salto de Charcos Solidario se convirtió en una fiesta. Fue la ocasión perfecta para realizar una diablura tan tradicional, tan nuestra, por una buena causa. El Centro Comercial Gran Vía ya tenía preparado el charco. Agua y purpurina esperaban a los 80 saltadores que estaban repartidos en cuatro categorías diferentes, “Salto solitario”, “Salto para dos”, “El clan de los saltadores” y “Pequesalto”.

Saltos de todo tipo y disfraces creativos llenaron de colorido una jornada inolvidable. El salto de charcos se convirtió en una lección de vida.  Para muchos, esa travesura fue el primer síntoma de rebeldía, una acción que ha permitido repartir 1.000 euros a asociaciones y ONGS elegidas por los ganadores de esta curiosa iniciativa que reunió a decenas y decenas de personas en la Planta 0 (lugar donde estaba situado el escenario) como en la Planta 1 del Centro Comercial Gran Vía.

El evento fue una fiesta. Los saltadores combinaron todo tipo de disfraces. Dos Spiderman, una niña con la capa de Batman, una familia caracterizada de Wally y otra disfrazada de medusas fueron algunas de las opciones que se pudieron disfrutar en la tarde del pasado sábado en el centro comercial. Todo ello, amenizado con la música del grupo vigués Broken Peach.

Otra de las curiosidades del Campeonato Mundial de Charcos Solidario fue la presencia del “salpicómetro”, un dispositivo que permitió medir el nivel del salto de cada uno de los participantes.

La magia del salto de charcos se apoderó de este espacio de Vigo que hoy permitió regresar a la infancia a todos aquellos que se pasaron por el Centro Comercial Gran Vía. La travesura más universal ha vencido, además, por una buena causa.

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