A primera hora de la mañana de este viernes vecinos de A Bouza, en Viana do Bolo (Ourense), caminan portando palas para liberar las casas de la maleza y el barro acumulado a su alrededor. Horas después de la riada que bajó por la montaña de O Testeiro el lodo continúa sepultando bicicletas, coches y árboles de la población.
La tarde del pasado miércoles ocurrió un desastre en el Oriente ourensano, materializado en una lluvia torrencial durante las tormentas que provocó lo que los vecinos califican como un "tsunami". La corriente del río Bouzo arrastró miles de toneladas de piedras, ramas y barro, arrasando muros, árboles y maquinaria agraria. "El fuego se para con agua, pero al agua no lo para nada", ha resumido una de las vecinas de A Bouza, en la parroquia de Pixeiros, bautizada como "zona cero" del desastre.
Y no es para menos, ya que la población se encuentra inmersa en una capa de escombros y barro, que cubre coches, bicicletas y cualquier rastro de vida. También, el horno, recién reformado, se ha echado a perder, al igual que los alpendres donde se almacenaba la paja.
"Fue cosa de visto y no visto, en cinco minutos desapareció todo. Fui a la puerta de la entrada y ya no conocía el pueblo. Cayeron piedras como coches", ha explicado a Europa Press Manolo, uno de los vecinos afectados. Tanto él como su mujer, Genoveva, relatan desde su negocio de A Gudiña el "miedo y la tristeza" ante lo sucedido. La localidad estaba a piques de celebrar la fiesta de Santa Ana, un evento que tiene lugar el primer fin de semana de julio en la capilla de la población. Ahora, las ganas de festejar han desaparecido y los habitantes esperan poder "recuperar la normalidad lo antes posible".
Antes de las 10:00 horas de la mañana los vecinos ya se encontraban trabajando en la limpieza del pueblo. Uno de ellos incluso utilizando una motosierra para abrirse camino entre la maleza. Lamentan unas pérdidas "difícilmente recuperables en esta vida", aunque "afortunadamente no hubo ningún fallecido". Sin embargo sí perdieron a varios canes, algunos de ellos fallecidos durante la riada y otros en paradero desconocido.
"Nos metimos en el garaje a tratar de sacar el coche y el agua nos llegó hasta el cuello. Tuvimos que salir por una ventana, sino nos quedábamos dentro", ha relatado Adolfo, quien pasó momentos "críticos" con su padre. Su familia perdió el coche, el congelador y a uno de sus perros.
Entre la destrucción del agua dos niños caminan al colegio acompañados de su padre, un símbolo de normalidad que contrasta con las bicicletas enredadas entre troncos y hierros. De fondo, el sonido de los técnicos provinciales que trabajan en la OU-533 para facilitar el acceso en caso de emergencias.
José Manuel Prado, uno de los técnicos de la Diputación, ha detallado a Europa Press que se encuentran realizando trabajos de primera necesidad. Igualmente, algunos tramos continuarán cortados con vallas por considerarse peligrosos. "Quedan muchos meses de trabajo por delante, tendrán que venir a valorar los peritos", ha apuntado.
En declaraciones a los medios, el alcalde de Viana, German García-Ávila, ha explicado que uno de los vecinos tiene movilidad reducida y durante la riada perdió la silla y el elevador para acceder a la vivienda. Tanto en este caso como en el resto de afectados ha subrayado la importancia de hacer las gestiones del seguro, porque es "mucho más rápido" que esperar por las ayudas de las Administraciones competentes.
Ante este escenario, el mandatario local ha indicado que este pasado jueves se le planteó a la conselleira de Vivenda e Planificación de Infraestruturas, María Martínez Allegue, la necesidad de declarar la zona de emergencia. Por su parte, la titular del ramo le comunicó que eso dependía del presidente de la Xunta, Alfonso Rueda. "Nosotros como Ayuntamiento no estamos capacitados para saber técnicamente cuál es la valoración que esto necesita, pero vamos a recurrir a todo lo que sea necesario para que se invierta rápidamente el dinero que sea necesario y que los ciudadanos puedan desarrollar su vida como hasta ahora", ha asegurado.
Más abajo, en la aldea de Pradocabalos, los operarios de conservación de carreteras liberan los escombros acumulados en el puente que da entrada a la población, que estuvo en peligro de derrumbe por la presión acumulada por la escorrentía. De haberse producido, el pueblo habría quedado completamente inundado.
"Al principio Pradocabalos era más conflictivo porque había ingentes cantidades de material orgánico y piedras presionando los pilares del puente y si se hubiese venido abajo el pueblo habría desaparecido. Parece ser que resistió y se está trabajando para que la presión sea menor", ha precisado el mandatario local.
No obstante, el miedo todavía no se ha disipado en la población, donde los vecinos tienen presente las imágenes del agua amenazando sus viviendas. "Parecía un mar en vez de un río. Mi marido casi se ahoga en las escaleras porque se lo llevaba la corriente y quedó agarrado a una barandilla. Es una imagen que no se me borrará más", ha recordado Marisa, una de las vecinas. En la fachada de su casa quedan las marcas del barro, que superó los dos metros de altura.
Durante unas horas, los vecinos fueron desalojados al monte, hasta que el agua fue descendiendo y pudieron volver a sus casas. Ahí, observaron la magnitud de las perdidas, con cosechas completamente destrozadas y campos anegados por el lodo. "Llevará años recuperar estas tierras", ha lamentado.
Ahora, trabajan en la limpieza de los bajos inundados, trasladando el lodo en carretillas hasta el río y utilizando los tractores para limpiar las calles. Por el momento, no disponen de agua potable, por lo que cuentan con botellas apiladas para cocinar y el consumo hasta que el agua del río recupere la normalidad.
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