Y la magia de Toundra quedó atestiguada en una abarrotada La Iguana

Decíamos en la previa del concierto que Toundra, a día de hoy, es uno de los grupos que más fuerte ha estado pegando en España, así como los reyes absolutos de la música instrumental a nivel nacional, y anoche esa corona fue defendida con rotundo éxito.

Y es que si había por estas fechas un concierto que la gente esperaba con mucha expectación, sabiendo cómo se las gasta el grupo en directo, y más si cabe tras tener que haber sido pospuesto a raíz de la rotura del escafoides de la mano izquierda tras una caída durante la gira europea que sufrió Alberto, el bajista de la banda, ése era el de los madrileños, y la cita no decepcionó ni lo más mínimo.

Pasaban unos minutos de las doce de la noche cuando los cuatro integrantes de Toundra, con cara de alucine ya no sólo por la estructura del local, sino que además por la imagen que éste da cuando se llena, con gente por todas partes, teniendo que dar una sensación muy similar a la del snake pit de Metallica, pero con personas incluso por encima del grupo, salieron al escenario, para delicia de un público listo para darlo todo con ellos, y el principio no podía ser más apabullante: Tras arengar Esteban a grito pelado al respetable ante la directa falta de micrófonos, la banda se arrancaba con un doblete formado por Cobra y Tuareg, pertenecientes ambas a Vortex, último disco del grupo, sin descanso entre los temas, quedando más que claro que estaban listos para echar el local abajo sin ningún tipo de concesión, con una música ya potente de por sí, a favor de la que ayer jugó un sonido atronador en el buen sentido, que respetó en todo momento a la banda, sonando de principio a fin como un conjunto muy compacto, y que sin duda satisfizo a los presentes.

En el ambiente se notaba, tanto encima como delante (y a los lados, y en los pasillos superiores; por todas partes…) del escenario que había muchas ganas de música y de pasarlo bien. La mejor representación de ello en Toundra era el propio Esteban, conocido por todo el que haya visto al grupo en directo, o algún vídeo de ellos actuando, por su continua energía, siempre saltando y moviéndose de un lado a otro por el escenario, viviendo con intensidad máxima cada segundo de música y transmitiéndole esa misma emoción al público. Entre la gente, una respuesta totalmente entregada a cada uno de los temas, a cada una de las interacciones de la banda con ellos y el movimiento continuo ante la música que estábamos teniendo la posibilidad de escuchar.

Los temas iban sonando (Bizancio, Kitsune, la mastodóntica Cielo negro…) y la comunión era máxima. Resulta muy difícil ver a un grupo que deje ver, de forma tan evidente, que sobre el escenario se lo está pasando tan en grande, y el público no iba a la zaga en cuanto a disfrute con un espectáculo, el de Toundra, en el que cuatro músicos magistrales transmiten toda emoción pretendida, y más, sólo con su música, sin necesidad de ningún tipo de añadido, ni tan siquiera micrófonos, como decíamos y ayer pudimos ver de primera mano.

A lo largo de algo más de hora y media hubo tiempo para echar un vistazo tanto al pasado (Magreb, de Toundra II o Kitsune, de Toundra IV) como al presente (las mencionadas Cobra y Tuareg, o Mojave, todas de Vortex) de la discografía de una banda a la que nadie ha regalado nada, que ya supera la década de existencia y que día a día, con trabajo y esfuerzos continuos, sigue ganándose el respeto de todo el mundo.

Uno de los momentos más espectaculares de la noche llegó con Kingston Falls, coreada por todo el público, en un tema que, sin duda alguna, siempre logra que el grupo se emocione, reforzando todavía más la continúa sensación de intimidad familiar que allí todos teníamos. Puede que en sus canciones no haya letras, pero entre todos los temas se nota un nexo de unión, una temática común, por decirlo de alguna forma, que establece una conexión completa, cerrándose a lo largo del concierto un círculo del que tanto banda como audiencia forman parte.

La hora del final se acercaba, pero el público quería más, y Toundra correspondió, regalando hasta dos bises a un respetable con el que previamente hizo el juego de preguntar cuántas canciones más quería que interpretasen.

Tras el final del recital, las risas y el total compadreo entre banda y público, al que el grupo no dudó en ningún momento a la hora de regalar púas personalizadas, perdiéndose los integrantes de Toundra entre el gentío de la abarrotada sala, sabedores de que acababan de dar un auténtico espectáculo, pero también de que están ahí gracias a un público que siempre les ha correspondido, y con el que siempre han mantenido una excelente relación de agradecimiento total, viviendo un sueño, el de la música, para el que han demostrado a lo largo de más de diez años estar más que perfectamente capacitados y que esperemos que siempre puedan seguir disfrutando.

Sin duda alguna, anoche pudimos disfrutar de uno de los conciertos del año en Vigo, con una banda en un estado de forma sobrenatural y a la que se nota con una compenetración del 100%, con un público que lo dio absolutamente todo, y al que la banda no dudó en corresponder con el mismo derroche de energía y entusiasmo.

En definitiva: Si tienen la oportunidad de ver a estos chicos en directo, no se lo pierdan.

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