Galicia estrena este 1 de diciembre una de las temporadas más esperadas por el público. La tradición, la gastronomía y la pasión por el rural se unen en los clásicos furanchos, que irán viviendo desde este lunes y hasta el verano una progresiva expansión especialmente por el área de Vigo. Para abordar este inicio, hemos consultado a los mayores expertos en el asunto, la Guía Furanchín, y estas son las claves que dan.
Aunque son toda una tradición en Galicia (sobre todo en el sur), todavía hay vecinos y vecinas que no saben exactamente qué son este tipo de locales. Son establecimientos temporales en los que se vende el excedente de vino, acompañado por unas tapas muy limitadas por una normativa concreta.
Eso sí, no cualquier local que ofrezca vino y tapas puede considerarse un furancho, ya que están muy acotados por esa legislación. Entre las normas, se establece que podrán abrir un máximo de tres meses al año, podrán ofrecer un máximo de cinco tapas (de un listado de 11) y su actividad debe terminar una vez vendido todo el vino.
Esta misma semana irán abriendo los furanchos más madrugadores del área de Vigo, y algunos otros irán anunciando su inicio en las próximas semanas. Sin embargo, el equipo detrás de Guía Furanchín señala que hasta el mes de abril no llegará la gran explosión de aperturas: "Todo depende de la recogida del vino, pero los que abren en diciembre todos de interior".
Con ello distingue a los furanchos que cuentan con una amplia terraza o jardín, y los que abren en un garaje, una bodega o una vivienda. "Cuando hay lluvia y frío no queda más remedio que cobijarse en interiores", explican, para pasar a destacar sus virtudes: "Los que abren ahora son más tradicionales, buscan huir de la masificación turística y respetan mucho el ambiente original".
El primero en anunciar su apertura oficial ha sido el furancho Iglesiario, que comenzará a ofrecer su vino a partir del 4 de diciembre. Un curioso lugar que ha pasado por ser un ultramarinos, un estanco o un bar, y que ahora se ha renovado de esta forma. Se encuentra en Cela, Bueu, y es una de las mejores alternativas para los días de invierno.
Una vez más, Guía Furanchín lamenta que esta tradición sigue estando "en peligro de extinción". Pese a que la parte gastronómica de estos lugares es muy llamativa, lo que muchos no piensan es que requiere mucho tiempo de trabajo en el campo y la venta de los excedentes también es muy exigente. Por eso, cada vez menos personas mantienen los furanchos con vida.
"A estas alturas de la temporada, la noticia está en saber cuántos terminarán abriendo y cuántos decidirán no volver a hacerlo", señalan estos expertos. Lo más probable es que el número descienda respecto al año pasado, tal y como indica la tendencia: "Desafortunadamente, si no cambia la cosa el pronóstico lleva a pensar que en 6 o 7 años casi no queden".
Precisamente por ello, invitan a "disfrutar de esta tradición mientras se pueda y dar apoyo a quienes los mantienen vivos". Así, quien no quiera perderse detalle de la temporada de furanchos tendrá que seguirles la pista en redes sociales.
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